Direcciones, no destinos
Los valores son cualidades elegidas de la acción: cuidar, aprender, contribuir, crear o actuar con honestidad. Una meta puede completarse —hacer una llamada—; un valor se expresa una y otra vez en conductas distintas. Esta distinción evita posponer la vida hasta lograr un resultado.
Elegidos y situados
No basta con repetir palabras socialmente deseables. Clarificar valores implica distinguir elección de obediencia, culpa, comparación o búsqueda de aprobación, y concretar qué significan esas direcciones en una relación y un momento determinados.
El riesgo de convertirlos en exigencias
«Debo ser buen padre» puede funcionar como regla castigadora. «Quiero estar presente y cuidar» puede orientar acciones observables y revisables. ACT no usa los valores para juzgar a la persona, sino para dar sentido a la disposición y organizar prioridades.
De la palabra a la conducta
Un valor se vuelve útil cuando ayuda a escoger entre alternativas. Conviene traducirlo a verbos, contextos y acciones pequeñas: con quién, cuándo, de qué manera y qué obstáculo interno probablemente aparecerá.
Práctica breve
Un experimento, no un examen
Completa: “En esta situación quiero ser una persona que actúa con…”. Después define una acción observable de menos de diez minutos.
Observa qué ocurre y detente si la práctica te desborda. No necesitas forzar una experiencia concreta.
Fuentes y alcance
Esta guía es una síntesis educativa original. Las fuentes siguientes respaldan el marco general; la fuerza de la evidencia varía según problema, población y comparador.
- Hayes, Strosahl y Wilson (2011), manual de ACT
- Oxford Handbook of Acceptance and Commitment Therapy (2023)
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